lunes, 30 de septiembre de 2013

La criminalización de la república, la defensa del fascismo

TEODORO NELSON 


El discurso fascista en España tiene tres niveles. Primero, decimos que la república fue igual de mala que la dictadura. Segundo, como diría Gallardón, decimos que no todo en el franquismo fue malo, que era un hombre pragmático. Y al final, decimos que Franco fue un “héroe nacional” que no le quedó más remedio que tomar el poder para acabar con los malvados comunistas, que predicaban el amor libre e iban a romper España.



Es que todos los que chupaban del bote en el franquismo siguieron chupando del bote en la "democracia". Y todos los que aplaudían los fusilamientos y saludaban en plan fascista a Franco de repente se volvieron unos "demócratas convencidos". Si para seguir cobrando de los ricachones hay que vestirse con la ropa del bipartidismo, pues se viste uno.

Por ejemplo Fraga, uno de los fundadores del PP, fue ministro de la gobernación (o sea, del interior) con Franco. O el propio rey –que, por cierto, aún sigue sin jurar la constitución– quien en su discurso de investidura se entristecía por la amarga pérdida de un héroe como Franco. O torturadores condecorados tras el 75.

¿Cuál es entonces la respuesta de los derechistas, que nunca atacan al franquismo ni dicen nada malo de él, salvo que los presionen? Que sí, que Franco estuvo muy mal, pero que igual o peor eran los comunistas y los izquierdistas. Es decir, primero dicen que el franquismo estuvo mal (no les queda otra, tienen que ejercer su populismo, adaptarse al juego de la “democracia”), pero luego enarbolan el mascarón de proa del discurso fascista, que no es otra que la criminalización del comunismo y el socialismo. Comunistas y masones, comunistas y judíos, socialistas, inmigrantes, homosexuales, etc. La única respuesta de la derecha ante los intentos de denuncia del fascismo es el ataque al comunismo, lo que no es sino una repetición del propio discurso fascista.

En cualquier caso, los comunistas hemos sido el principal temor y enemigo de los fascistas, allí donde se ha presentado, desde los partisanos en Grecia hasta los republicanos españoles y los comunistas chinos. Algo habrán hecho bien los comunistas para ser el mayor enemigo declarado de todos los fascistas.

¿Y por qué el régimen hubo que adaptarse a la democracia? Porque a los capitalistas, a la oligarquía, no le interesaba un régimen denostado en el resto de Europa, y menos un modelo económico que impedía la integración a los mercados internacionales. Como la Revolución de los Claveles era muy mal ejemplo, decidieron montar una “transición” democrática, donde no se denunciara el fascismo y donde la misma minoría seguía teniendo el poder. Financiaron un partido que siga más o menos abiertamente defendiendo los ideales franquistas, y a uno de corte más obrerete, por aquello del control de daños. Ambos financiados por países extranjeros, claro. Total, llevaban 40 años matando izquierdistas y comunistas; no hay ningún problema por dejar que la plebe vote.

Y ahí quedó la cosa: el PP dando 300.000 euros para remozar el Valle de los Caídos, fotos de las juventudes del PP con la bandera franquista, el portavoz adjunto del PP diciendo que la república causó un millón de muertos, el Ejecutivo defendiendo que en el Museo del Ejército de Toledo se siga poniendo a Franco como “Héroe”, o Marhuenda aseverando que Lenin colgaba cabezas en picas y diciéndoles “que se jodan” a los egipcios. Es el fascismo que nunca se presenta como tal.

Sólo quisiera recordar que el fascismo fue financiado por la plutocracia que siempre anida en el capitalismo. Y que, como ideología usada por los capitalistas, no desaparecerá hasta que el capitalismo lo haga. Ahora, en una etapa de lucha obrera y crisis, la ideología derechista cada vez se va radicalizando aún más. Como decía Bertolt Brecht, no hay peor fascista que un burgués asustado.