lunes, 25 de noviembre de 2013

El restauracionismo capitalista: de camino a una crisis mayor

TEODORO NELSON 


La gran maquinaria del capitalismo monopolista de estado está en decadencia. La masa social es incapaz de generar un mercado nacional viable gracias a su continuo empobrecimiento, debido al expolio de la plutocracia. Ello genera una oferta que excede en mucho la capacidad de consumo, creando así mercancías de valor cero (¿cuántas casas desocupadas hay en España?), las cuales, al no poder venderse, no generan beneficios reales. Esta crisis de sobreproducción crea gigantescas pérdidas que inciden sobre el capital hegemónico, el financiero.

Para poder seguir registrando beneficios, la gran banca recurre al ya de por sí exiguo capital público y, a la manera de los reyes absolutistas o de los dirigentes romanos, se apropian del capital público y aumentan la presión fiscal.

Esto no es sino un sencillo trasvase de renta. Lo que, unido a la derogación de los derechos laborales, permite unos mayores índices de explotación sobre el trabajo y mayores beneficios al reducir costos. Lo irónico de todo esto es que estas medidas sólo sirven para aumentar la riqueza de los ricos, y no para salir de la crisis. La minoría oligárquica está ganando más que nunca, pero al no haber consumo, no se crea trabajo (¿para qué van a dar crédito los bancos, si tienen asegurado una cantidad fija de dinero por parte del aparato estatal?).

De hecho, la única forma de crear trabajo es subir los salarios, para que aumente la demanda y con ello la producción y el empleo. Por mucho dinero que reciban las cuentas de los accionistas, si no hay mercado que sea receptor de la producción, no hay economía real. Esto es, el capital financiero no tiene equivalente necesario en el capital industrial, es decir, está devaluado.

Lo que significa que, además de puta, ponemos la cama. Caemos en la miseria para que los banqueros puedan seguir teniendo cuentas en Suiza, pero esto sólo hace que no haya mercado interno y que se destruya más empresas y trabajo. La carga de la deuda se trasvasa de los banqueros y empresarios que la generaron a la deuda nacional, lo que provoca que los trabajadores tengamos que pagar una crisis que no es culpa nuestra para que los grandes empresarios sigan registrando beneficios, y ahora más que nunca. Pero el problema no es ético, sino económico, porque los trabajadores, el 80% de la población, formamos el mercado interno que se está destruyendo en pro de un modelo mucho más débil y dependiente. Mientras no haya un fuerte consumo, mientras los sueldos de los trabajadores no aumenten, no saldremos de la crisis.

Y es esta contradicción fundamental de las relaciones de producción, entre el destino de la riqueza, que se atesora en pocas manos, y la necesidad de distribución de la riqueza, lo que provoca la crisis y la subsiguiente miseria.

Pero que la riqueza se concentre en pocas manos es por definición el elemento social inherente al capitalismo. Los grandes capitalistas no se van a deshacer de su riqueza por sí mismos para entregárselas a la gente para que compre. Además, necesitan un flujo continuo de capital debido a que cada vez aumentan más las necesidades de reinversión.

Todo ello nos lleva a una conclusión: estamos en el período de decadencia del capitalismo, donde las primeras intentonas de un modelo diferente han fracasado, y los nuevos intentos aún no han comenzado.

Por su parte, el establishment ideológico cada vez se vuelve más reaccionario para enfrentarse a las evidencias cada vez más agudas del fracaso del sistema.

El ejemplo más claro de todo ello es España, con un franquismo cada vez más presente, unas constructoras que hundieron la banca y un estado hipercorrupto. La torpeza de la clase dominante y política en España ponen mucho mejor de manifiesto las realidades aquí expuestas.

Esto es el período restauracionista del capitalismo, donde la vieja sociedad aún no muere y los nuevos movimientos aún no despegan, y donde el capitalismo se vuelve más reaccionario, como un animal herido de muerte que se vuelve más fiero que nunca.

Mientras los keynesianos y revisionistas intentan coser la herida al tigre, parlamentar con una oligarquía que no está dispuesta a hacerlo, los socialistas y comunistas tenemos que tener claro en qué período histórico estamos, y en que tenemos que derribarlo.