martes, 7 de octubre de 2014

El fetichismo en la actualidad

TEODORO NELSON


Las relaciones sociales no aparecen de forma visible ante nuestros ojos, sino que aparecen cristalizadas, objetivizadas bajo otras formas. De este modo, la tradición y los antepasados en las sociedades no históricas legitimaban o explicaban la forma de hacer las cosas de tal o cual sociedad, puesto que dichas relaciones sociales no aparecen de forma científica, evidente, ante los ojos de aquellos hombres.

Así, la religión es un reflejo de la organización (de clases) de cada sociedad, la dominación ideal de una realidad material desigual, contradictoria. Un fetichismo social.

Lo mismo pasa con las mercancías, como explica Marx. En la sociedad capitalista, donde la riqueza presenta la forma de una enorme acumulación de mercancías, las relaciones sociales que las producen aparecen como algo “natural” consustancial, que se eleva por encima de la sociedad, aparecen como una ideas vivas que manejan los destinos de las personas. Es el fetichismo de las mercancías.

Así en la actualidad, el “mercado” “los mercados” parecen actuar como entes vivos que rigen el destino del mundo. Los ciclos de la economía son presentados por la propaganda y el Estado como fenómenos meteorológicos a los cuales estamos predestinados, los cuales debemos padecer. Estos ciclos o mercados son inexplicables, o se explican por sí mismos en forma de tautología.

Pero todo esto es una gran mentira, pues las superestructuras económicas no son sino máscaras, cristalizaciones en las que aparecen representada una determinada forma de organización social y unas relaciones de producción determinadas.

Es decir, que el mercado no actúa sólo, no se mueve sólo, sino que este está en manos de unas personas que se sitúan en la pirámide de la estructura social; si rompemos esta máscara nos encontramos con el rostro de enriquecidos plutócratas.

El máximo exponente del fetichismo de la mercancía es el mundo las las finanzas. Presentadas por la misma sociedad capitalista como una entidad aparte y por encima no ya de la sociedad sino de la economía misma, los bancos y el sistema financiero aparecen como un ente que tiene en su mano desde el hogar más modesto hasta la más grande compañía.

Pero esto no es sino el reflejo de la forma económica imperialista, donde los grandes oligarcas bancarios controlan el resto de empresas, donde las clases dominantes se han reestructurado en torno a los grandes bancos. Así se nos aparece el mundo de las finanzas como un demiurgo, pero bajo esta apariencia ideal se muestra la realidad de clases. El “mundo de las finanzas” es un reflejo de unas relaciones sociales en las cuales la burguesía financiera es la dominante.

El fetichismo del dinero (es decir, del equivalente común y símbolo del intercambio de todas las mercancías) es la forma de fetichismo más desarrollado, pues se objetiviza en él una objetivación social, la idea de una idea.

Bajo el imperialismo, el capital especulativo-financiero es el hegemónico, esto es, el capital dominante es capital futurible, capital imaginario o ficticio.

Es decir, del fetichismo del dinero pasamos al fetiche del “futuro dinero”, de las proyecciones de beneficio de tal o cual capital. Proyecciones que no es seguro que se cumplan, pero sí que se repartan beneficios.

Este es el fetichismo social hoy imperante, muestra de la gran decadencia del capitalismo actual. Ya no son las sombras proyectadas en la pared de la cueva lo que rige el destino de los hombres concibiéndose como lo real; ahora viene dado por las posibilidades de que esas sombras aparezcan aquí o allá, por sus futuras posibles proyecciones.

Cada vez más el mundo ideal creado por la burguesía se aleja más de la realidad social imperante. La economía burguesa se vuelve pura escolástica, ganándose el puro descrédito incluso entre los propios capitalistas.