viernes, 17 de octubre de 2014

Lo que está escrito

He visto nacer tus palabras
con la agricultura
de las primeras ciudades.

En los grandes templos de Súmer,
en las tablillas de Cnossos.

Con pintadas rojas
en las calles de Pompeya
he visto tus palabras.

En un pergamino de ciervo
en al abadía de Saint-Germain,
sobre los brillantes mosaicos de Bizancio.

Con rápidos trazos,
apuntadas por un ninja
oculto en el tejado.

En tiras de bambú
en las escuelas chinas,
oculta en los santuarios
por los reyes de Persia.

A lo largo de estatuas de marfil
por los reyes negros
en el Gran Zimbawe,
en Dahomey.

En los contratos de las compañías
Orientales y Occidentales.

Susurradas casi en silencio
en las mansiones de las logias,
repartidas en libelos
por Vyborg y Saint Antoine.

Le arrebataron tus palabras
a un espía
en un piso franco de Londres.

Codificadas en una vieja canción
por el Mando Alemán
he visto tus palabras.

Recitadas por el subcomandante Marcos
a indígenas y campesinos.

Guardada por muchos en la memoria
durante Perón y Pinochet.

Se escuchan por la radio
de las guerrillas kurdas,
en epígrafes rotos
por los disturbios de Argel.

En Novorrusia,
en las futuras banderas de Europa.

En los índices de la bolsa,
en rápidos graffitis
sobre los escombros de Siria.

Hay tres ficheros con tus palabras
en los sótanos del pentágono.

Es el momento de hacer realidad
lo que está escrito.