lunes, 14 de septiembre de 2015

El Asedio



El material despiadado 
disuelve las arterias,
empuja la tinta encarnada
que asalta los cerebros.

Los caballos ciegos
que arrastran los corazones en la boca
caeràn ante los cañonazos
de las palabras:
¡Ya es la hora!
Afilemos el borde de los sentimientos
hasta que todos deseen
saborear el revólver.

Y cuando asaltemos
la pulpa encefálica
tras las murallas blancas
y nuestra lengua pruebe la carne
gracias a nuestra lengua,
miraremos hacia arriba,
hacia el campo de las estrellas
y sabremos cual es
el siguiente
de nuestra lista.

Con nuestra gastronomía de guerra
vaciaremos las palabras
y dibujaremos un nuevo cielo,
abrasaremos el paladar
a golpe de verso
y hermosearemos los insultos
con dentelladas salvajes.
Entonces,
con la tripa eniesta
y el corazón desbocado
miraremos a los supervivientes
a los ojos.

No hacemos prisioneros.