lunes, 7 de diciembre de 2015

Y entonces

Eres en mis manos como catedrales sonoras
y en mis oídos se abren tus labios.

Monumentos en tus manos son guitarras
de caricias encallecidas y soledades,
como campanas de cristal y agua
golpeando entre los muslos que se mueven.

Y entonces vino el silencio y te quedaste sola
entre acordes caídos y aliento,
estrechada en tus paredes hasta la cuerda inmóvil
en la quietud absoluta
de la guitarra.