martes, 25 de septiembre de 2018

La mujer como mercancía

TEODORO NELSON 



1. EL PATRIARCADO ES UN SISTEMA DUAL. LAS FORMAS HISTÓRICAS DEL PATRIARCADO.

Los orígenes del patriarcado se remontan incluso a antes de la aparición del Estado y de la consolidación de la sociedad en clases. Será con la llegada de la historia, es decir, con la aparición de los Estados en cada sociedad, cuando cristalizará totalmente la dominación de los hombres sobre las mujeres.

Este sistema se basaba en la apropiación de las mujeres por parte de los hombres. En cuanto a dicha apropiación, siempre nos aparece en base a dos grandes valores de uso determinados socialmente.

Un valor de uso es, en esencia, la utilidad de una cosa, el objeto en sí mismo. Todo producto del trabajo humano tiene valor de uso, es decir, utilidad. Es el desarrollo histórico el que va creando los valores de uso. Estos valores de uso deben ser sociales, es decir, tener utilidad social, valor de uso social. Esto se debe a la división social del trabajo, cada conjunto de personas produce una cosa para los demás. Las mercancías, aquellos productos que se transfieren mediante el intercambio, tienen además valor de cambio, o valor propiamente dicho [1]. Los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza humana.

Con la llegada de la propiedad privada (la violenta entrada de las sociedades en la historia) se produce además la apropiación de las mujeres por parte de los hombres. También empiezan a aparecer la propiedad de unos hombres sobre otros (las múltiples formas de esclavitud) y de los hombres sobre las mujeres.

En tanto en cuanto propiedades (la apropiación en mayor o menos medida de un sexo sobre otro), las mujeres aparecen determinadas así en cuanto a sus valores de uso, en cuanto a la utilidad de estas para los hombres. Esto se asemeja a la propiedad de la tierra o del ganado, que a pesar de no ser en sí mismos fruto del trabajo humano, expresan una utilidad y por lo tanto, pueden expresar valor de uso y de cambio (y por tanto, aparecer bajo forma precio).

Históricamente, las mujeres han tenido un doble valor de uso en las sociedades estatales.

En primer lugar, la utilidad de las mujeres residía en su capacidad reproductora. Lo importante de esto radicaba en que el control sobre los vientres de las mujeres aseguraba el linaje, la continuación de las riquezas dentro de la misma familia. Esto era fundamental para las nuevas clases dominantes que, asegurándose el control de su linaje (es decir, el control del vientre de las mujeres), aseguraban su dominio a través del tiempo [2]. Así aparece la primera forma de propiedad sobre las mujeres, el matrimonio. Los celos surgen de la propiedad, puesto que sin pertenencia no puede haber celos, y todo lo “casto” y “puro” y “digno” de esta casta de mujeres tan sólo aseguraba la descendencia correcta de las clases dominantes y de las familias más o menos pudientes. Sólo los más pobres se casaban sin tener en cuenta esta consideración, como los esclavos con los plebeyos al fin de la antigua Roma [3].

Así, con la aparición de la familia, se desarrolla la esclavitud doméstica de la mujer, que entregaba de forma gratuita trabajo a los hombres, de forma que estos quedaban libres para trabajar para los grandes propietarios y para sí mismos. También, por supuesto, realizaban trabajos normales de toda índole, salvo las mujeres de las clases dominantes, que podían permitirse el “lujo” de sólo funcionar como su primordial valor de uso, la sangre.

Si el trabajo gratuito que los esclavos entregaron a los usureros ingleses permitió la acumulación primitiva de capital que dio paso al capitalismo, el trabajo gratuito que las mujeres bajo matrimonio entregaron a la sociedad tiene una magnitud igual o mayor.

El segundo gran valor de uso es la apropiación sexual de las mujeres. La prerrogativa de disponer sexualmente de varias mujeres hunde sus raíces en los orígenes del patriarcado. Es el segundo gran valor de uso que ha determinado la organización social de hombres y mujeres. Ambos usos son genuinamente contradictorios. Por lo tanto, van a pareciendo dos grandes grupos de mujeres en cada sociedad.

De este modo, el patriarcado se define como un sistema dual. La puta y la monja, la mujer y la hetairoi, la dama y la concubina… En todas las culturas desarrolladas acaban por aparecer estas formas de propiedad y apropiación de las mujeres, que se transforman en “cosas”, es decir, en valores de uso. Los oficios femeninos también se basaban en estas dos cadenas. Por eso las mujeres se convierten también, en muchas sociedades, en símbolos de poder y riqueza. Aparecen así los ideales estéticos de la mujer, igual que los lujosos ropajes o los artesonados de los templos. El matrimonio y la prostitución, es decir, la prostitución privada y la pública, no son sino dos caras de lo mismo, el dominio de los hombres sobre las mujeres, el patriarcado [4]. Por supuesto, esto quiere decir que la propiedad sagrada sobre las mujeres se basó en la violación continua de la propiedad de las mujeres sobre sí mismas [5]. Hasta la llegada del capitalismo, la mujer estaría alejada de la producción genuinamente social [6].

Evidentemente, esto significa que la llegada de la monogamia significaría tan sólo la monogamia de las mujeres. De igual modo significa que el patriarcado, en sí mismo, funciona como un sistema paralelo a la esclavitud y profundamente entrelazado con éste:

La existencia de la esclavitud junto a la monogamia […] es lo que constituye desde su origen el carácter específico de la monogamia, la cual sólo es monogamia para la mujer, y no para el hombre”.- Friedrich Engels [7].

Con la masa de esclavos aparece la prostitución forzosa, es decir, la libre violación del conjunto de mujeres esclavas, paralelo al oficio de las mujeres “libres”. Este hecho será muy importante más adelante.

Esto no quiere decir que la mujer siempre estuviera dominada por el hombre. El patriarcado es fruto de una compleja y muy larga lucha social, y no de una determinación natural. De hecho, en palabras de Engels:

[La familia] encierra en miniatura todos los antagonismos que se desarrollarán más adelante en la sociedad y en su Estado”.- Friedrich Engels [8].

Y también:

La propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido”.- Karl Marx [9].



2. COMPRA-VENTA Y ALQUILER DE MUJERES. COMPRA-VENTA DE BEBÉS.

Bajo el capitalismo desarrollado, las mujeres pasan a formar parte del ejército de reserva del capitalismo, del trabajo industrial. En cuanto a la determinación cualitativa de la plusvalía y la tasa de explotación, nada diferencia a hombres y mujeres trabajadoras. Ambos se enfrentan al mercado tan sólo con su fuerza de trabajo, y se les aplican las mismas leyes económicas.

En cuanto a la determinación cuantitativa del precio de su trabajo, sí hay una diferencia. Las mujeres reciben menos salario. Suponen una gran masa de trabajo más barato y gratuito. En este sentido, poco se diferencian de la masa de trabajadores inmigrantes u otros grupos que suponían trabajo asalariado mucho más barato, como los antiguos esclavos al principio de las transformaciones industriales. De esta manera, las mujeres pasaron de la esclavitud doméstica a la esclavitud asalariada. Sin embargo, un puñal se había asestado en el corazón de una de las formas de propiedad más antiguas. Los valladares de la familia habían comenzado a romperse. Además, bajo la burguesía todos los hombres eran formalmente iguales, lo que abría la puerta a la lucha burguesa de las mujeres: “Los hombres nacen y viven libres e iguales bajo las leyes” (Art. I de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, 1789).

Pero ¿Qué pasaba con la otra forma de propiedad, la prostitución? En primer lugar, al tener acceso al trabajo, muchas mujeres podían ver una salida al comercio sexual.

Sin embargo, el capitalismo es el reino de la mercancía. Estas adquieren sus formas más desarrolladas, se despliegan por todo el globo. Pero como hemos visto, la prostitución no es un trabajo como otro cualquiera. Se basa en las más antiguas formas de apropiación, en una relación que en su génesis es de esclavitud. En cuanto a sus formas económicas de propiedad y trabajo, la prostitución no ha cambiado prácticamente nada desde que los pagos se hacen en dinero y no en especie.

Una vez haya desaparecido la propiedad privada, desaparecerá automáticamente el comercio de la mujer”.- Alexandra Kóllontai [10].

Bajo el imperialismo (el capitalismo financiero) legiones de mujeres esclavas son traídas de todo el mundo a trabajar en la prostitución forzosa. Al mismo tiempo, existen neo-colonias que se han convertido en verdaderos lupanares para los saqueadores euro-norteamericanos, como Tailandia. Aquí esta el primer gran cambio de la prostitución en la actualidad: una verdadera transformación de los medios de producción de este comercio esclavo. Una industria de la prostitución. Si el imperialismo saquea el tercer mundo en busca de coltán, también encuentran en sus colonias la materia prima para la industria del sexo. Al vendedor de leche no le importa lo que piense la vaca.

La prostitución es un fenómeno que está estrechamente ligado a las rentas, y se desarrolla y prospera en la época dominada por el capital y la propiedad privada”.- Alexandra Kóllontai [11].

La venta del trabajo de la mujer, que está estrecha e inseparablemente conectada a la venta del cuerpo femenino”.-Alexandra Kóllontai [12].

Que bajo el capitalismo imperialista perdure el comercio esclavo (teniendo en cuenta que bajo este sistema toda relación es asalariada, lo cual desencadena el fortísimo desarrollo del trabajo) se explica sencillamente porque en la prostitución la mujer entrega su fuerza de trabajo y además su cuerpo, que queda a disposición del comprador bajo forma de alquiler. O si se tiene suficiente dinero, bajo la forma de compra en las esclavas sexuales. Es al mismo tiempo vaca y ganadero, incluso en los ínfimos casos en que la prostituta no tiene un dueño informal (proxeneta).

Pero cuidado, hay que entender que, en la inmensa mayoría de las ocasiones, incluso bajo el falso consentimiento de la trata [13], la prostitución es una relación clásica de esclavitud. La prostituta no tiene movilidad física ni acceso totalmente libre al bajísimo salario que puedan percibir. El pago llega hasta en especie (una cama donde dormir, comida).

Así, se entrelazan propiedad y venta de fuerza de trabajo. La caracterización de esta última no cambia en cuanto ésta se enfrenta al dinero. “Libremente” se intercambia voluntad por moneda. El dinero sólo reconoce fuerza de trabajo abstracto, gasto humano genérico, no tiene en cuenta el trabajo concreto útil de este trabajo [14]. Cuando la prostituta queda en posesión del dinero este funciona como dinero tocante y sonante, igual que en manos de cualquiera. Como expresión social del trabajo y como emperador de las mercancías, el dinero es independiente de la forma de propiedad, es “la puta común del género humano”.- William Shakespeare [15].

Analicemos las cosas ahora desde el punto de vista del comprador. En primer lugar, el poseedor de la mercancía dinero siempre tiene la ventaja. Esto es porque al tener la mercancía que sirve para comprar cualquier otra puede retenerla y esperar. Que quien tiene dinero tiene la ventaja lo demuestra el hecho de que el sistema financiero se haya hecho con el control de la economía. Ello conlleva, además, controlar los medios de pago. Así pues, trabajo llama desesperadamente a dinero, pero no a la inversa.

Por otra parte, el comprador se enfrenta con su dinero a la mercancía, no al poseedor de la misma. Es decir, el precio lo es de un valor de uso, pues la mercancía refleja en este su valor. Con esto quiero decir que como comprador la única utilidad de la mercancía es su valor de uso, su utilidad. Para el hombre, en el proceso de la compra, el único valor de la mujer es su valor como valor de uso, su valor como objeto sexual.

Esto transforma profundamente las relaciones sociales. Como los hombres se enfrentan o pueden enfrentarse a las mujeres únicamente como precios o valores, la masculinidad queda totalmente deformada, y aparece el hombre frente a la mujer como un ser socialmente enfermo.

[La prostitución] envilece el carácter del sexo masculino entero”.- Friedrich Engels [16].

A los hombres y mujeres de sano espíritu enseño primero a conocerse y a comportarse con los demás como consigo mismos.- Cristine de Pizán [17].

Esto no pasa sólo con la prostitución, como veremos más adelante. Sin embargo, esta forma particular de compra de mujeres tiene algo característico. En el proceso de intercambio, la mujer no sólo entrega su fuerza de trabajo a cambio de dinero. Como ya hemos visto, entrega la propiedad de su cuerpo (bajo ciertas condiciones) durante un período al comprador. Este hecho es fundamental ya que, además de la explotación “normal” por la plusvalía, tenemos la entrega por alquiler de la propiedad corporal, como si se tratase de un pedazo de tierra en usufructo. Esto sólo es posible si las condiciones del vendedor de fuerza de trabajo, no son suyas o completamente suyas. Así, toda forma de prostitución es esclavitud. Un acto de prostitución es una violación contractual.

Y como hemos visto, es un acto de esclavitud por partida triple: en la esfera del consumo (como entrega-alquiler del cuerpo), en la esfera de la “producción” (como control de la organización y distribución por chulos y mafias) y en la esfera del intercambio (por la plusvalía sumada a la entrega gratuita del cuerpo de la mujer, puesto que por lo que el putero paga es tan sólo una parte de su fuerza de trabajo).

Con respecto a los vientres de alquiler (compra-venta de bebés) es lo mismo. Se paga por una parte de la fuerza de trabajo, pero no por la disposición del útero ni mucho menos por el niño. Toda venta de niños es un acto de genuina usura, pero no sobre el dinero, sino sobre los seres humanos. Ese niño deja de ser una propiedad para los padres en el momento en el que se integra como un ser humano a la familia, llevando a cabo su valor de uso. Sin embargo, la madre real debe transformar a su hijo en su forma de dinero, con la cual, una vez el bebé se aleja de sus manos en forma de mercancía, desaparece completamente. En este caso vemos una doble esclavitud (la propiedad y apropiación de un individuo), aun sea temporal.

Podría pensarse que simplemente subiendo el salario se eliminarían estas contradicciones. Esto es genuinamente falso, pues mientras exista la entrega de la propiedad de las mujeres, siempre se expondrán estas ante el mercado bajo formas de esclavitud y pseudo-esclavitud. No existe el salario justo para un obrero [18] ni el pago adecuado para un esclavo.

Por último, la prostitución, como las tareas domésticas, son trabajos improductivos. Esto en cuanto a que restringen la liberación de la mano de obra para la industria. Es trabajo inútil, cuya única utilidad es satisfacer a un grupo de la sociedad que posee dinero. Estas “necesidades” pueden realizarse en el marco de la colaboración igualitaria, liberando el trabajo de la mujer para el mercado y la voluntad de la mujer para su libertad.

Desde el punto de vista de la economía nacional la prostituta es una desertora del trabajo. […] Por los intereses de la economía debemos empezar una lucha inmediata para reducir el número de prostitutas y eliminar la prostitución en todas sus formas”.- Alexandra Kóllontai [19].



3. EL DESARROLLO DE LOS DIVERSOS VALORES DE USO DE LAS MUJERES.

Al entrar las mujeres al mercado laboral, las empresas empezaron a crear un mercado femenino. Así, forzaban la demanda con muchos productos “para la mujer”.

La moda se identificó con la belleza y a todas las mujeres se les vendieron estos accesibles productos de belleza sobre la base de su ‘necesidad’ y ‘deseo’ común.- Evelyn Reed [20].

Sin embargo, la mujer también funciona en parte como mercancía y como símbolo de mercancía, como riqueza. De ahí que las mujeres se vean mercantilizadas por partida doble, por la oferta de mujeres y por la oferta para las mujeres. La industria femenina crea productos en una cadena de montaje, y necesita una masa de compradores uniforme. Encontrarían en las mujeres bajo el patriarcado dicha masa uniforme, minada por los mismos principios. Así aparecen los ideales estéticos en la actualidad. Si en otra época poseer mujeres rollizas era símbolo de poder, hoy en día vemos modelos de femineidad muy determinados: delgadez (lo que facilita la producción de ropa), un cabello largo y cuidado con determinados tonos de pelo (cosméticos), un determinado maquillaje, una determinada forma de comportamiento social… una mujer en cadena.

No es un caso aislado. Con el capitalismo aparecen continuamente nuevas mercancías, se fuerza la aparición de nuevos valores de uso. Las mercancías se multiplican.

Así, en el mercado no sólo aparece el cuerpo de las mujeres, sino también el vídeo, la imagen… de la mujer. Un servicio es el efecto útil de un valor de uso. Por lo tanto, y como en el caso de la prostitución, no afecta en nada a su carácter como mercancía. Aunque este valor de uso sea, por ejemplo, llamar a la compra de otras mercancías (como la publicidad). La hipersexualización deviene de la necesidad de aumentar la producción y multiplicidad de la mercancía mujer, al menos a este respecto [21].

Esto significa que las mujeres adoptan muchas formas de mercancía. Aunque pueda parecer lo contrario, bajo el capitalismo el patriarcado se desarrolla mucho más que en ninguna otra sociedad, bajo la forma de mercantilización de la mujer.

Tras la mística femenina se esconde el fetichismo de la mercancía. Incluso los fetiches sexuales esconden, muchas veces, el descarnado fetichismo de la mercancía, la necesidad de dominación, de posesión de la mujer, de la propiedad de la mujer. Para ser un hombre, primero se debe ser un propietario [22].

Las mujeres no son objetos inertes. Luchan, se organizan y se enfrentan cada día a la cosificación. Han abierto el canal de fuerza productiva más poderosa que ha visto nunca la humanidad, el trabajo asalariado. Y con su trabajo gratuito bajo la esclavitud doméstica aportan réditos enormes de capital. El movimiento feminista ha conseguido cosas que serían imposibles para cualquier mujer de otra época. Indisolublemente unida al movimiento obrero, ha obligado al patriarcado capitalista a retroceder y adoptar posiciones defensivas. Galatia en vez de Lucrecia [23], la organización particular de las mujeres es fundamental para la transformación de cualquier sociedad humana.



NOTAS

[1] Karl Marx. El Capital, Libro I Tomo I, capítulo I (la mercancía, hasta la forma del valor o el valor de cambio)

[2] Ver Friedrich Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. Capítulo II, la familia.

[3] “El amor sexual no es, ni puede ser, una regla efectiva más que en las clases oprimidas”.- Friedrich Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. p. 82, Editorial Claridad, 1970.

[4] “Son antinomias, pero antinomias inseparables, los dos polos opuestos del mismo estadio social”.- Friedrich Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. p. 88, Editorial Claridad, 1970.

[5] Friedrich Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. p. 134, Editorial Claridad, 1970.

[6] Friedrich Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. p. 85, Editorial Claridad, 1970.

[7] El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. p. 72-73, Editorial Claridad, 1970.

[8] El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. p. 67, Editorial Claridad, 1970.

[9] La ideología alemana. P. 26, Editorial Akal 2014.

[10] Mujer y lucha de clases, Ed. El Viejo Topo, p. 148.

[11] Mujer y lucha de clases, Ed. El Viejo Topo, p. 153

[12] Mujer y lucha de clases, Ed. El Viejo Topo, p. 155

[13] Ver Amelia Tiganus, Conferencia en Las Palmas de Gran Canaria el 22/09/2018, Casa de Colón. 

[14] Karl Marx. El Capital, Libro I Tomo I, capítulo I.

[15] Timón de Atenas, acto IV, escena III

[16] El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. p. 87, Editorial Claridad, 1970.

[17] La Ciudad de las Damas. Ed. Siruela, p. 35, 2013.

[18] Ver Friedrich Engels. El sistema de trabajo asalariado. Un salario justo por una jornada justa.

[19] Mujer y lucha de clases, Ed. El Viejo Topo, p. 161.

[20] Sexo contra sexo o clase contra clase. Ed. Fontamara, 1977.

[21] Conviene aquí recordar que las condiciones culturales no son resultado directo de las relaciones económicas. Lenin, entrevistado por clara Zetkin, decía que: “Seguramente conoce usted la famosa teoría de que, en la sociedad comunista, la satisfacción del impulso sexual, de la necesidad amorosa, es algo tan sencillo y tan sin importancia como “el beberse un vaso de agua” […] Sus defensores afirman que es una teoría marxista. Yo no doy tres perras chicas por ese marxismo que quiere derivar todos los fenómenos y todas las transformaciones operadas en la superestructura ideológica de la sociedad directamente y en línea recta de su base económica. […] El querer reducir directamente a las bases económicas de la sociedad la transformación de estas relaciones, aislándolas y desglosándolas de su entronque con la ideología general, no sería marxismo, sino racionalismo. Es evidente que quien tiene sed debe saciarla. Pero, ¿es que el hombre normal y en condiciones normales, se dobla sobre el barro de la calle para beber en un charco? ¿O, simplemente, de un vaso cuyos bordes conservan las huellas grasientas de muchos labios?”.- Lenin, enero de 1925. URL: http://archivo.juventudes.org/clara-zetkin/entrevista-realizada-por-clara-zetkin-vlad%C3%ADmir-lenin-en-1924

[22] A este respecto conviene leer también Amelia Tiganus La rebelión de las putas. URL: http://feminicidio.net/articulo/la-revuelta-las-putas

[23] Lucrecia, esposa de Tarquino, se suicidó para probar su inocencia ante una violación. Galatia le llevó a este la cabeza de su marido.

Imagen: http://agenciaperu.net/la-terrible-historia-de-las-latinoamericanas-traficadas-en-londres/trata-de-blancas-4/